Tuesday, 17 June 2014

Padre Jorge Bravo S.J.





Hace exactamente 8 años, el martes 17 de junio, 2006, fallece el P. Jorge Bravo S.J. Asesor Espiritual de nuestra Casa de la Anunciación en Santo Domingo.  El Padre Jorge Arturo Bravo Muñoz murió luego de una prolongada enfermedad que lo mantuvo postrado por más de un año.

Fue amigo, confesor y guía espiritual para muchos de nuestra Comunidad Siervos de Cristo Vivo durante mucho tiempo, y Asesor Espiritual de nuestra Casa Madre.

El Padre Jorge nació en Santiago, Ecuador en 1924. A la edad de 16 años entró en la Compañía de Jesús. En 1954 fue ordenado Sacerdote.  Pronto, el soplo suave y persuasivo del Espíritu Santo añadió su nombre a la lista de aquél grupo de sacerdotes destacados quienes se dedicaron a fomentar la “Renovación Carismática” a lo largo y ancho de América Latina.  En este contexto vino a la República Dominicana por primera vez en 1973.  Desde entonces su propia historia se intercaló con la historia de nuestra Comunidad Siervos de Cristo Vivo antes y después de su fundación formal.

Si se permite un piropo, el Padre Jorge fue un “hombre sin sombra”.  No se notaba su presencia cuando entraba en una sala.  Era casi transparente.  Su voz no era llamativa, más bien era débil.  Además, prefirió escuchar que hablar. No era un hombre de imponerse ni con su presencia física, ni con su voz, ni con su preparación.  Más bien, mostró una humildad, que la abnegación personal de toda una vida, había convertido en una característica muy suya.  Su timidez natural era el fruto del hábito de siempre sobre-estimar la importancia de la persona con la cual estaba hablando.

Hay unos aspectos del Padre que son muy íntimos, pero muy característicos: su sensibilidad exquisita, su espíritu delicado y sus escrúpulos refinados:

Una sensibilidad que gozaba con la realización de cuantas líneas escritas para la diversión de una niña.  La satisfacción de haber creado unas líneas exquisitas, y la alegría de ver los ojos enormes de gratitud de la niña.

Un espíritu delicado que lo hacía incapaz de creer que uno había hecho un pecado serio, y por ende se le hizo difícil imponer una penitencia de importancia.

Y unos escrúpulos refinados que le hicieron rechazar y negarse a escuchar chismes o el hablar mal del otro, en fin el ejercicio de una prudencia que muchas veces lo condujo a elegir el silencio por encima del protagonismo.

Estos sentimientos -más propios de un poeta que de un sacerdote-, distinguieron al Padre Jorge del resto de nosotros, por su pureza y su transparencia; ello sin embargo, nos atrajo como mariposas a la luz, con su calor, sus chistes, su sonrisa y su paz.

Su primer y único amor fue el Señor.  Al encontrarse en su Presencia se sumía en un anonadamiento tan profundo, que era capaz de olvidar que estaba celebrando la Misa.  Más de una vez vimos lágrimas de amor correr por sus mejillas al contemplar al Amado.

Con estos antecedentes, no es sorpresa encontrar que su materia predilecta era la liturgia y la oración.


El que escribe estas líneas sirvió como su editor en “El Siervo” (La revista interna de nuestra comunidad).  Cuántas veces le sugería una idea para un artículo, y el Padre Jorge, en su timidez, me contestaba con inseguridad.  Sin embargo, un par de días más tarde, me llamaba a su habitación, me sentaba en su escritorio con él de pie a mi lado, y -como si fuese un estudiante con su maestro- me entregaba un texto del que comentaba: “no está todavía completo, pero a ver lo que piensas ...”   Y en mis manos encontraba una joya del idioma español, escrito con una exquisitez, una delicadeza, y un amor tan profundo por nuestra Comunidad que muchas veces -en mi corazón- me encontraba orando:  “Señor dame la altura de comentar este artículo como Tu lo harías ... “.  Y es que, en su humildad, aceptaba todos mis comentarios ...

Querido hermano, le invito a tomar sus artículos como un bálsamo para el corazón cansado.  No importa cuál de ellos abras, encontrarás detalles de amor, de humor, y de paz.  Pero, nunca olvides que el autor no quiere ser reconocido, sino ser como un espejo para reflejar la gloria, la misericordia y la capacidad de perdonar de su amado Señor Jesús.


Un campo santo, muy lejano   
Manresa Loyola es un oasis de paz, oculto y casi desapercibido en una vía comercial que lleva a miles de camiones a los muelles de Haina, el puerto principal del país.

Es la primera Casa Jesuita del país, acurrucada en el regazo del mar, guardando una carga de memorias viejas. La costa de allí debe recordar a tantos Jesuitas expulsados por Fidel, del Malecón y la costa norte de su país natal, Cuba.

La Casa se usa para retiros espirituales, y para recibir a los Jesuitas -ya ancianos para jubilarse con dignidad.

Dentro del recinto hay un lugar apartado y discretamente reservado: su cementerio. Alrededor, hay grama verde, palmeras y un suave silencio salpicado con los sonidos de las olas y los pájaros, y el recuerdo distante de las industrias de Haina.

El cementerio está completo.  El último “montículo” se llenó hace poco.  Es de un Jesuita nacido en otros lares, que vino y desarrolló su vocación aquí, y desde este silencio, bañado por las brisas del mar, fue al encuentro definitivo con su Hacedor.  Pero esta vez no es un sacerdote cubano, sino ecuatoriano.  Un hombre de paz.

Cada madrugada los rayos del sol, recién nacidos, corren por el Mar Caribe para subir y penetrar entre las palmeras e iluminar la sencilla cruz. Está plantada a la cabeza de un espacio todavía esperando que la hierba le cubra. La cruz lleva la leyenda siguiente:

P. JORGE BRAVO
N. 11-4-1924 I. 29-8-1940
† 17-6-2006 R. I. P.
Es aquí donde, por fin, el Padre Jorge ha encontrado su paz definitiva, una paz que es meramente una extensión de su vida alargándose hasta la eternidad en la presencia de su amado Jesús.

Como diría el poeta, “Hay un rincón de un campo santo, muy lejano, que será por siempre Jorge”.

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