Sunday, 30 December 2012

El Concierto de Gala



De toda la comida dominicana, no hay duda que el “sancocho de seis carnes” es su máxima expresión porque en un solo plato se sirve el más suculento, variado, y apetitoso manjar que paladar humano jamás ha comido.
Así fue el Concierto de Gala que la Comunidad presentó para celebrar el 30º aniversario de su fundación, en la noche del jueves el 29 de noviembre.  Era una comida “sin par” que nos dejó con un sabor tan agradable en la boca, un deseo irresistible de querer volver a verlo todo de nuevo, una y otra vez.
Seis grupos musicales se presentaron a lo largo de la noche, intercalado con videos en las pantallas gigantes, recordándonos tanto de los que han ido delante de nosotros, como de la visión fundacional de la Comunidad, a través de fotos históricas y grabaciones de archivo. 

Dos invitados de honor
Desde muy temprano la Casa San Pablo se llenó con los amigos y colaboradores que vinieron para compartir nuestro aniversario.  Era tan agradable pasar de fila en fila, saludando a tantas caras conocidas.


Es posible que los dos invitados de honor habrían venido, aunque no hubieran sido invitados, porque son amigos nuestros desde siempre:
— la Primera Dama, Doña Cándida Montilla de Medina, una cara que estamos acostumbrado a ver a menudo en la Capilla del Santísimo;
— y nuestro Cardenal, Su Eminencia Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, quien no solamente se considera un miembro de la Comunidad, sino que -en el momento cuando se presentaron en la pantalla las fotos de “Los Ocho” como nuestros fundadores-, hizo la vuelta a su vecina y dijo:  “Oye, María, yo me considero también fundador”.

La música
La selección de artistas fue una demostración del alcance que tiene la música en nuestra cultura, extendiéndose desde los “Militantes del Señor” quienes cantaron rap con gozo e híper-actividad; pasando por la maestría de Aladino y Kelly con su coro de voces afinadas y equilibradas;  


Celinés nos cantó unas canciones bellas, que estaban coreadas por completo por un  público muy entusiasta; 


La contagiosa alegría de nuestros amigos los “Alfareros” (aquí Fermin Amador, uno de los cuatro cantantes)



El momento especial cuando -simplemente con su guitarra-, Nelson Morales nos tocó profundamente con una canción dedicada a la Virgen: “Oh María, Oh María”; 


y finalmente la entrada de Danny Rivera quien, solo, con Cheo Zorilla y finalmente con todo un coro, llevó el espectáculo a un término feliz.

Placa
Durante toda la noche Mons. Nicolás repitió “¡Que espectáculo!... Excelente!!!... Los felicito... Y ¿quién lo preparó?...”   ¡Estaba feliz!  Se ponía de pie, aplaudía junto a todos, y no se le borraba una sonrisa de la cara.  A menudo compartió comentarios a lo largo de la noche, sobretodo recordando los primeros tiempos, desde que le hablamos del proyecto, cuando compramos la Casa de la Anunciación y ese primer día en que él nos acompañó a verla.  A cada rato nos preguntaba detalles, hasta el nombre de Piet Derksen, el Holandés que nos hizo aquella generosa donación.
En un momento especial, se hizo una parada sorpresa en el desarrollo de la noche, e invitamos a nuestro Cardenal a subir al escenario para recibir una placa reconociendo su aporte a la comunidad.  El público le otorgó un merecido aplauso atronador y estruendoso.

René Alfonso
René Alfonso fue el “guionista” quien -como el fruto de meses de trabajo-, llegó a sintetizar nuestra historia de 30 años de oración, compromiso y grandes sacrificios por el Amado, en una noche de alegría, risa y acogida estupenda.  Todos volvimos a casa aquella noche “cansados pero contentos”.

¡Aharai!       "!אחרי"
En la Escuela de Evangelización nos enseñaron la palabra “Aharai” -el “grito de guerra” de los judíos-, que significa “Sígueme”.  Es que el comandante siempre era el primero a lanzarse al ataque. 
Igualmente los “primeros ocho” que todavía están al “pie del cañón” -o aquí, o en el cielo-, gritan a toda la Comunidad “Aharai” – ¡a evangelizar!  ¡Síganos! a tiempo y a destiempo, sin vergüenzas ni reservas, con un compromiso radical a nuestra visión, y una fe inquebrantable en el poder del Espíritu Santo.  ¡Amén!


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